Día Mundial del Queso: el día más delicioso

Quesos curados con miel, almendras e higos

El queso es uno de esos alimentos capaces de despertar una pasión casi universal. Detrás de cada pieza se esconde una historia que conecta el paisaje, el trabajo del ganadero y el saber hacer de los maestros queseros que han perfeccionado su oficio durante generaciones. Desde los quesos artesanos más delicados hasta los quesos curados añejos de carácter intenso, este producto lácteo ha logrado ocupar un lugar privilegiado en la gastronomía de prácticamente todas las culturas.

Por eso no sorprende que exista una fecha dedicada a rendirle homenaje. El Día Mundial del Queso es una celebración que invita a detenernos y valorar todo lo que hay detrás de este alimento: tradición, paciencia, territorio y una enorme diversidad de sabores y texturas. Más allá de la simple degustación, esta jornada se convierte en la excusa perfecta para descubrir nuevas variedades, aprender a apreciarlo mejor y reconocer el trabajo de quienes mantienen viva la cultura quesera.

En este artículo exploraremos qué significa realmente el Día Mundial del Queso, cuándo se celebra y cómo podemos aprovechar esta fecha para disfrutar y conocer más a fondo uno de los grandes tesoros de la gastronomía. 

Un alimento siempre de moda

La popularidad del queso se explica por varias cualidades que han seducido a generaciones de comensales y cocineros.

  • La riqueza de sus aromas, que pueden ir desde las notas dulces de la mantequilla hasta matices más intensos que recuerdan a frutos secos, tierra húmeda o madera.
  • Su enorme versatilidad en la cocina, capaz de disfrutarse solo, acompañar platos sencillos o convertirse en el protagonista de recetas más elaboradas sin perder su personalidad.
  • Su valor nutricional a lo largo de la historia, ya que durante siglos permitió conservar la leche y ofrecer proteínas y energía en épocas en las que los alimentos escaseaban.
  • Su estrecha relación con el territorio, porque cada queso refleja el paisaje, la raza de animal que produce la leche y el saber hacer de quienes lo elaboran.

Cuándo se celebra el Día Mundial del Queso

Cada 27 de marzo se celebra el Día Mundial del Queso, una fecha dedicada a uno de los alimentos más valorados de la gastronomía. Más allá de ser una simple excusa para aprender cómo preparar una buena tabla de quesos, este día también pone en valor el trabajo que hay detrás de cada pieza: el cuidado del ganado, el saber hacer de los maestros queseros y los meses de maduración que dan forma a sus sabores. Es, además, una oportunidad perfecta para descubrir nuevas variedades y apreciar mejor un producto que forma parte de nuestra cultura gastronómica desde hace siglos.

La relevancia de una cita internacional en el calendario

Aunque a lo largo del año existen muchas fechas dedicadas a distintos alimentos, el Día Mundial del Queso se ha consolidado como una de las celebraciones gastronómicas más queridas por los amantes de este producto. Es una ocasión perfecta para mirar más allá del simple consumo y valorar todo lo que hay detrás de cada pieza: tradición, territorio y saber hacer.

Da igual si prefieres quesos gourmet de gran prestigio o variedades más conocidas y populares. El 27 de marzo se convierte en una fecha que une a aficionados y profesionales de todo el mundo para celebrar la enorme diversidad de sabores, texturas y estilos que el queso puede ofrecer.

Los motivos que impulsan esta conmemoración

Celebrar el Día Mundial del Queso implica mucho más que degustar tus quesos preferidos en buena compañía. Los propósitos que sostienen este día son profundos y buscan generar un impacto real en nuestra forma de consumir:

  • Reconocer el trabajo del maestro quesero, la persona que combina conocimiento técnico y experiencia para conseguir que cada queso tenga su propio carácter.
  • Proteger las razas autóctonas, ya que ovejas, cabras y vacas forman parte del paisaje rural y son clave para el sabor y la personalidad de cada queso.
  • Fomentar la cultura gastronómica, ayudando a que los consumidores aprendan a distinguir entre un queso artesanal y uno de producción más industrial.
  • Apoyar la economía rural, donde muchas pequeñas queserías siguen siendo un motor importante para mantener vivas las tradiciones y la actividad en el campo.

Cómo escoger un buen queso

Comprar en una quesería artesanal suele despertar mucho entusiasmo, aunque a veces también genera dudas a la hora de elegir. Ante una vitrina llena de formas, colores y aromas distintos, es normal preguntarse qué piezas llevar a casa para celebrar el Día Mundial del Queso con una buena selección.

Para acertar, conviene fijarse en algunos aspectos básicos que definen la personalidad de cada queso: el tipo de leche con el que se elabora, su tiempo de maduración y el carácter de su corteza. Con estas claves es mucho más fácil crear una tabla equilibrada que sorprenda a los invitados y permita disfrutar de cada variedad con pleno conocimiento de lo que estamos degustando.

El origen de la leche

La materia prima es el alma del producto y el primer factor que determina su perfil sensorial. Cada animal aporta unos matices específicos que se vuelven más rotundos con el paso del tiempo, definiendo la base sobre la que trabajará el maestro quesero.

  • Vaca: suele ser la opción predilecta para quienes buscan suavidad y matices dulces que recuerdan a la mantequilla o al pasto recién cortado. Su versatilidad la convierte en una presencia habitual en cualquier selección durante el día del queso.
  • Cabra: aporta una frescura inconfundible y una acidez elegante. Se reconoce fácilmente por su color blanco puro y por esos aromas silvestres que evocan el monte bajo y las hierbas aromáticas.
  • Oveja: destaca por su gran intensidad y una textura más untuosa debido a su riqueza natural. Sus piezas suelen dejar un recuerdo persistente a frutos secos y una profundidad que apasiona a los paladares más experimentados.
  • Mezcla: combina las virtudes de las anteriores para lograr un equilibrio que satisface a todos los públicos, resultando ideal para quienes prefieren matices moderados.

El tiempo de maduración

A medida que el queso descansa, pierde humedad y concentra sus sabores, transformando una cuajada sencilla en una joya gastronómica.

  • Tiernos: con apenas unos días de vida, conservan la frescura del yogur y una textura elástica, como el queso fresco, que gusta especialmente a los más pequeños de la casa.
  • Semicurados: tras reposar entre uno y tres meses, empiezan a mostrar una complejidad interesante sin perder su ternura original.
  • Curados: superados los seis meses, el sabor se vuelve protagonista absoluto, ganando en firmeza y mostrando notas más picantes o evolucionadas, como en el caso del queso de Mahón curado
  • Viejos y añejos: son piezas de culto que han superado el año de curación. Su textura se vuelve quebradiza y a menudo aparecen pequeños cristales de tirosina, esos granos crujientes que son señal inequívoca de una maduración noble y prolongada.

La personalidad que revela la corteza

El aspecto exterior de un queso funciona como una carta de presentación que nos indica qué encontraremos al cortarlo. La corteza protege la vida que late en el interior y participa activamente en el desarrollo de los aromas.

  • Pastas blandas: suelen presentarse con cortezas blancas y aterciopeladas, fruto del crecimiento de mohos beneficiosos que aportan recuerdos a champiñón y una textura que se funde en el paladar.
  • Pastas prensadas: son el corazón de la tradición española, quesos firmes y compactos que permiten cortes limpios y que evolucionan con una elegancia admirable.
  • Quesos azules: se distinguen por sus vetas de color esmeralda o añil, responsables de un sabor punzante y una personalidad arrolladora que nunca deja indiferente en el Día Mundial del Queso.

El valor de las denominaciones de origen

Al realizar nuestra compra, prestar atención a los sellos de calidad nos ofrece una seguridad añadida. Una DOP (denominación de origen protegida) asegura que el queso ha nacido de un territorio concreto, respetando las razas autóctonas y los métodos de elaboración que han definido nuestra cultura alimentaria durante siglos. 

Optar por estos productos es una forma de garantizar que el legado de nuestros antepasados siga vivo en cada bocado.

Queso curado Mahón-Menorca Sant Patrici

Cómo celebrar el Día Mundial del Queso 

Celebrar el Día Mundial del Queso es una buena excusa para parar un momento y disfrutar del queso como se merece. Más allá de elegir buenas piezas, también importa cómo se sirven. Cuidar la temperatura, el orden de degustación y la presentación ayuda a que cada queso muestre mejor sus aromas, su textura y todos sus matices.

Claves para una buena degustación

El escenario donde presentamos nuestra selección define gran parte de la experiencia. No basta con disponer las piezas sobre un plato; necesitamos entender el ritmo que cada variedad impone al paladar para que la velada sea coherente y equilibrada durante el Día Mundial del Queso.

  • El atemperado es el primer paso innegociable. El frío excesivo adormece los matices y endurece las grasas, por lo que conviene retirar los quesos del refrigerador con antelación suficiente para que alcancen los veinte grados de forma natural.
  • La progresión lógica debe guiar el camino, empezando por los sabores más sutiles y lácticos para terminar con la potencia de los azules o los quesos ahumados. Si alteramos este orden, la intensidad de un queso curado anularía por completo la delicadeza de uno fresco.
  • El alivio del paladar entre bocados garantiza que cada nueva referencia se aprecie con nitidez. Unas láminas de manzana ácida o un trozo de pan de miga neutra actúan como un bálsamo que limpia las papilas antes del siguiente descubrimiento.

La armonía en la tabla de quesos

Una tabla bien construida funciona como un mapa que recorre geografías y tradiciones diversas. En el Día Mundial del Queso, la variedad prima sobre la cantidad, buscando siempre un equilibrio que represente la riqueza técnica y biológica del sector.

  • Conviene alternar leches de vaca, cabra y oveja para disfrutar del contraste entre la dulzura cremosa, la acidez elegante y la profundidad grasa de cada una de ellas.
  • Las texturas deben jugar un papel protagonista, combinando pastas blandas y untuosas con la resistencia de los quesos de pasta prensada o el carácter quebradizo de las maduraciones más largas.
  • Los acompañamientos tienen la misión de escoltar, nunca de eclipsar el sabor principal. Unos frutos secos tostados, un poco de membrillo artesano o una selección de panes de diferentes cereales aportan el contrapunto ideal sin restar protagonismo a la estrella láctea.

Utensilios que marcan la diferencia

En el Día Mundial del Queso no solo importa elegir buenas piezas, también saber servirlas correctamente. Cuidar la temperatura, el orden de degustación y detalles como cómo cortar queso de forma adecuada ayuda a que cada variedad muestre mejor sus aromas, su textura y todos sus matices.

  • Las hojas perforadas son las mejores aliadas para las pastas más tiernas, ya que el aire que circula por los orificios impide que el queso se quede pegado al metal durante el corte.
  • Para las piezas de extrema delicadeza o quesos muy cremosos, la lira ofrece un corte quirúrgico que mantiene intacta la estética de la cuña sin aplastarla.
  • Las superficies de materiales naturales, como la madera de olivo tratada o la pizarra, no solo resultan visualmente atractivas, sino que ayudan a mantener una temperatura estable durante toda la cata.

Maridaje de vino para celebrar

Celebrar el Día Mundial del Queso no consiste solo en elegir buenas piezas, sino también en saber con qué acompañarlas. Encontrar el equilibrio adecuado entre ambos permite disfrutar más de cada variedad y descubrir nuevos matices. Por eso, aprender cómo maridar el vino y el queso puede marcar la diferencia y convertir la degustación en una experiencia mucho más completa.

Encontrar el equilibrio

Existen dos caminos principales para que un maridaje resulte exitoso. Podemos optar por la afinidad, buscando sabores que se complementen por su similitud, como un queso tierno de vaca con un vino blanco joven y afrutado. La otra opción, a menudo más sorprendente, es el contraste. 

Aquí jugamos con elementos opuestos para limpiar el paladar, como la intensa salinidad de un queso azul frente al dulzor aterciopelado de un vino de postre. En el Día Mundial del Queso, atreverse a probar ambas vías nos permite descubrir dimensiones nuevas en productos que creíamos conocer bien.

Las claves para escoger el mejor vino

La unión entre el vino y el queso es legendaria, aunque no siempre es tan sencilla como parece. 

  • Blancos y espumosos para la frescura: los vinos blancos con una acidez bien marcada son los mejores aliados de los quesos de cabra y las pastas blandas. La acidez actúa como un bálsamo que corta la untuosidad de la grasa, refrescando la boca en cada sorbo. Por su parte, los espumosos como el cava resultan ideales, ya que sus burbujas arrastran la sensación grasa y preparan el sentido del gusto para el siguiente bocado.
  • Tintos para las maduraciones largas: cuando nos enfrentamos a quesos de pasta prensada, como un queso de Mahón Curado o un queso de oveja curado, los tintos con cuerpo y estructura encuentran su lugar. Los taninos del vino abrazan las proteínas del queso, creando una sensación de plenitud. Conviene, eso sí, evitar tintos demasiado jóvenes o tánicos con quesos suaves, ya que el vino terminaría por borrar cualquier rastro del sabor lácteo.
  • El refugio de los vinos dulces: el azúcar del vino compensa la salinidad de los quesos azules, transformando un sabor que podría resultar agresivo en una armonía delicada y persistente.

Cervezas y sidras 

La cultura del maridaje se ha expandido y hoy sabemos que la cerveza ofrece registros que el vino difícilmente alcanza. 

  • Cerveza y queso: la carbonatación y el ligero amargor del lúpulo ayudan a limpiar la grasa del queso y equilibrar los sabores.
  • Cerveza de trigo: funciona muy bien con quesos frescos gracias a su perfil ligero y refrescante.
  • Cerveza tipo Ale: sus notas tostadas combinan especialmente bien con quesos curados o añejos, resaltando matices como los frutos secos.
  • Sidra natural: su acidez y sus aromas frutales encajan muy bien con quesos de corteza lavada y con muchas variedades tradicionales de regiones atlánticas.

Los mejores acompañamientos para disfrutar el queso

No podemos olvidar la importancia del pan y otros complementos que habitan en la mesa. Un buen pan artesanal, con una miga densa y una corteza crujiente, es el soporte necesario para los quesos más fluidos. 

Las frutas frescas, como las uvas o la pera, aportan la humedad que algunos curados necesitan, mientras que los frutos secos tostados refuerzan las notas de madera y cereales. 

Al planificar el Día Mundial del Queso, contar con estos elementos asegura que cada invitado pueda personalizar su propia cata, encontrando ese equilibrio perfecto que convierte un bocado sencillo en un recuerdo imborrable.

Dudas frecuentes para disfrutar del Día Mundial del Queso

Desde cómo conservar el queso correctamente en casa hasta dudas habituales como qué partes se pueden comer, estas respuestas buscan ofrecer una guía clara y práctica para que, en el Día Mundial del Queso, la única preocupación sea disfrutarlo.

¿Cuál es la variedad más consumida en todo el mundo?

Si atendemos a las cifras de producción global, la mozzarella encabeza la lista gracias a su presencia indiscutible en la cocina italiana y su capacidad para fundir de manera perfecta. Le sigue muy de cerca el cheddar, un referente cuya versatilidad ha conquistado despensas en todos los continentes. 

Sin embargo, al llegar el día del queso, la mirada de los entusiastas suele alejarse de estas opciones industriales para buscar quesos artesanales con denominación de origen, donde el sabor y la tradición pesan mucho más que las estadísticas de ventas.

¿Se puede comer la corteza de cualquier pieza?

Esta es, posiblemente, la pregunta que más se repite frente al mostrador de la quesería. La clave para decidir si debemos retirarla reside en su origen y tratamiento:

  • Cortezas naturales: nacen durante el proceso de maduración, ya sea por el secado de la pasta o por la acción de mohos beneficiosos. En quesos como el camembert o muchas variedades de cabra, la corteza es una fuente de matices terrosos y es totalmente seguro, e incluso recomendable, consumirla.
  • Cortezas artificiales: se reconocen por su tacto ceroso o plástico y colores muy uniformes. Estas coberturas de parafina o materiales sintéticos sirven únicamente para proteger el interior y deben descartarse siempre antes de servir.
  • Cortezas lavadas: son aquellas tratadas con salmuera, vino o incluso licores. Aunque son comestibles, su potencia aromática es muy elevada, por lo que su ingesta depende exclusivamente del gusto personal del comensal.

¿Cuál es la mejor forma de guardar el queso en la nevera?

Para que una cuña mantenga su alma intacta hasta el Día Mundial del Queso, debemos evitar dos enemigos principales: la falta de aire y la deshidratación. El error más común es envolverlo en film transparente de manera hermética, lo que puede provocar la aparición de sabores extraños o mohos indeseados por la falta de transpiración.

Lo ideal para conservar el queso es utilizar el papel parafinado original o, en su defecto, papel de horno, que permite que el queso respire sin perder su humedad natural. Guardarlo en el cajón de las verduras, donde la temperatura es algo más suave y constante, ayudará a que la pieza evolucione con calma sin sufrir agresiones térmicas.

¿Es buena idea congelar el queso para que dure más?

Aunque técnicamente es posible, la congelación altera profundamente la estructura física de este alimento. El agua que contiene se convierte en pequeños cristales de hielo que rompen la red de proteínas de la pasta; al descongelarlo, la textura suele volverse harinosa o quebradiza.

Si optamos por este método, lo más sensato es hacerlo con quesos destinados a ser cocinados, rallados o fundidos. Para una cata de calidad durante el día del queso, siempre será preferible adquirir piezas más pequeñas que podamos consumir en su momento óptimo de frescura.

¿Por qué los intolerantes a la lactosa pueden comer ciertos quesos?

Mucha gente se sorprende al descubrir que este derivado lácteo puede formar parte de la dieta de personas con intolerancia. Durante la elaboración y, sobre todo, en los meses de maduración, las bacterias responsables de la fermentación consumen la lactosa y la transforman en ácido láctico. 

Por esta razón, cuanto más viejo y curado sea un queso, menor será su contenido en azúcar. Las variedades de oveja de larga curación o los quesos añejos son, a menudo, perfectamente aptos para quienes tienen esta sensibilidad, permitiéndoles participar plenamente en la celebración del Día Mundial del Queso.

Conclusión: celebra el día más delicioso

El Día Mundial del Queso nos recuerda que detrás de cada pieza existe mucho más que un alimento. Cada queso es el resultado de un paisaje, de una raza animal concreta y del conocimiento de quienes han perfeccionado durante generaciones el arte de transformar la leche en un producto lleno de carácter.

Comprender su origen, saber distinguir los distintos tipos de leche, apreciar los tiempos de maduración o aprender a degustarlo correctamente nos permite disfrutar de este alimento con una mirada mucho más consciente.

Esta jornada es también una invitación a apoyar a los productores que mantienen vivo el patrimonio gastronómico y rural, apostando por quesos elaborados con respeto por el territorio y por los métodos tradicionales. Porque celebrar el Día Mundial del Queso no consiste solo en disfrutarlo, sino en valorar todo lo que representa: tradición, paciencia, identidad y pasión por el buen producto.

El Día Mundial del Queso con Sant Patrici 

En la quesería Sant Patrici vivimos el queso como una forma de entender la tierra. Desde nuestra finca en el corazón de Menorca elaboramos nuestros productos con Denominación de Origen Protegida, siguiendo los métodos tradicionales que han definido el carácter de este producto durante siglos.

Nuestro queso nace de la leche de nuestras propias vacas y se madura lentamente en bodega, donde el tiempo y la brisa mediterránea ayudan a desarrollar ese sabor único que distingue al auténtico queso Mahón-Menorca. El resultado son piezas con personalidad propia, donde conviven notas salinas, matices lácticos y una textura que evoluciona con la curación.

No hay mejor manera de celebrar el Día Mundial del Queso que disfrutando de uno de los grandes tesoros gastronómicos de Menorca.