En Sant Patrici elaboramos queso como se hacía antaño: con calma, precisión y profundo respeto por la tradición menorquina. Cada pieza se trabaja a mano para preservar su autenticidad, formando parte del queso Mahón-Menorca con Denominación de Origen Protegida.
La leche fresca de vaca local se transforma lentamente en cuajada y se moldea en el fogasser, el lienzo tradicional que aporta forma, textura y carácter a cada pieza.
Después, el queso pasa por salmuera y madura en cavas ventiladas. Allí, el tiempo, el cuidado constante y la aplicación de aceite de oliva terminan de definir su sabor equilibrado, su aroma y su característica corteza anaranjada.
El queso artesanal es un proceso vivo. Cada pieza responde a la calidad de la leche, al clima y al saber hacer de quienes la elaboran. No existe automatización industrial: existe dedicación, experiencia y control en cada fase.
Tras el moldeado, la cuajada se prensa manualmente y se marca la característica “mamella”, sello natural del lienzo tradicional. Ese relieve no es solo una forma: es identidad, origen y garantía de trabajo artesanal.
La maduración determina el resultado final. Algunos quesos conservan frescura y suavidad; otros desarrollan mayor intensidad y profundidad aromática. Cada pieza evoluciona a su ritmo hasta alcanzar su punto óptimo.